domingo, 19 de febrero de 2012

Domingo en carnaval

23Cº al sol, los extranjeros se aposentan en las terrazas a pie de playa tomando sidra y cerveza. Los rayos del sol iluminan las olas y el océano se convierte en dorado.
Un buen día en el que mi corazón siente algo de alegría para darle forma a las palabras que teclean mis dedos.
Quizá hoy, quizá mañana, la milagrosidad de este nuestro Estado haga algo bueno por este país. Sé que habrán muchos que piensen que ya están obrando bien, pero habrán otros, como yo, que piensen que no, porque les está afectando tanto directa como indirectamente.
Esta semana, ha sido una rara semana en la que se oyen recortes y más recortes, se huele a huelga, y se ve un futuro negro.
Esta semana, he vivido, y sigo viviendo, en una incertidumbre que me hace estremecer en el pecho, una incertidumbre por mi presente y mi futuro más próximo. Una incertidumbre a la que se enfrentan millones de jóvenes, y que si se manifiestan, son golpeados y fuertamente reprimidos.

Parece ser que ya no tenemos derechos y sí que tenemos que cumplir nuestras obligaciones, y también parece, que estemos volviendo a un pasado en el que si hablabas te tapaban la boca de un cañonazo.
La semana que viene, supongo que será igual, hasta que llegue el glorioso y magnífico día en el que saquen a la luz otra reforma, que nos obligue de nuevo a bajarnos los pantalones.
 Y yo sueño, con tomar las calles y dirigirme a aporrear puertas, pegar gritos y hacer mil y una estupidez a ojos de los superiores, con la esperanza de que me escuchen, y hagan algo. Pero... ¿Llegarán a hacerlo? Me pregunto, que si hacemos una macrohuelga indefinida... ¿qué harán? Yo sé que ellos seguirán cobrando sus sueldazos y quizá no les importe, quizá se venguen más adelante, de lo que hagamos estos días, quizá... no sé. Me queda esperar un par más de semanas para decidir y para saber, si de verdad quiero tener mi futuro en este país.




Imagen de: L'horta informació.

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