Al parecer las gotas caen desde lo alto derramando melancolía
y sed de calles. Los cielos se tornan oscuros y las aceras se inundan de
paraguas de colores, unos rojos, otros verdes, otros con estampados que se
convierten en una chispa de vida y de color para un día tan gris como el de
hoy.
Los pavimentos resbalan bajo los pies de los viandantes, el
agua roza sus ropas por mucho paraguas que lleven. Vecinos se asoman a los
balcones para contemplar el riachuelo que baja por sus calles, un fenómeno poco
común en esta tierra y por eso nos pilla desprevenidos.
| María Macia Salas |
Días como éste hacen que mi corazón se encoja, piense
demasiado, me quede embobada suspirando por saber qué será de mí, por saber qué
pasará conmigo, soñando con un mundo mejor, pensando que éste está sumido en la
tristeza y la desgracia. Días como éste sutilmente transformo palabras en un
ritmo triste del que no puedo salir, pues no pienso en otra cosa que
pesimismos, crudezas y realidades, las cuales acabo atrayendo.
Miro mis manos una y otra vez, miro los rostros de la gente
e imagino sus vidas, ¿cómo habrá tratado la vida a estas personas? La justicia
del mundo es una arbitrariedad, o eso me lo parece a mí. Con mi propia
experiencia me basta para decir que dudo de la existencia de ese tal ‘Karma’, ‘Dios’,
‘suerte’, llámalo ‘X’.
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